
La angustia es una sombra gris
que te observa incesantemente,
es curiosa pero paciente antes de atacar.
Te sigue a donde vayas,
volviendo a cada paso suyo el ambiente
frió, húmedo, solitario.
Ella, tan cruel como siempre,
congela tus poros y dificulta tu respiración,
y es ahí cuando te das cuenta: no hay escapatoria.
De pronto te detienes
(¿Qué caso tiene el avanzar?)
Estas temblando, imaginando mil cosas,
anhelando mil cosas, llorando mil cosas…
y ella se alimenta de ti, aumenta su tamaño con tu dolor.
Se vuelve enorme, tu vista se nubla,
entonces abres la boca en una mueca de desesperación
y la dejas entrar.
Llena tu cuerpo hasta el ultimo rincón,
tus pulmones parecen querer explotar,
tu sangre se vuelve pesada
tus huesos se rompen en un crujido suave…
suaves son tus pasos, eterno el camino,
el tiempo se detiene.
Tu corazón ruega por escapar,
duele cada insignificante latido,
deseas que acabe todo;
mientras tú estomago danza y vuela en tu interior
y tu cerebro duerme.
Tus ojos no brillan mas
(¿volverán a brillar?),
tus labios rompen el silencio
cantando un himno a la desolación
y a veces, a veces solo te sientas,
tan solo besas a la angustia,
la aprisionas, la amas y la necesitas.
¿Es la costumbre o solo el deseo masoquista?
Por Mar


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